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cristina valle, argentina

15-Testamento.

Una palmera hasta los cielos le dejo a mi familia,

un pino con nido y un redondo violetero.

Dos jazmines del aire, un gran magnoliero,

algunos malvones heridos, una orquídea salvaje,

la cala con sus caracoles, el romance de los pájaros

con la enamorada del muro y el vuelo de mis fantasías.

Los aros todos, se los prometí a Angelina

pero aún más me interesa dejarle la risa

y las agujas del tejido.

A Tomás, le dejo el olor de la lluvia en la tierra mojada,

los pinceles y un día ocre de otoños perdidos.

A Ignacio le dejo el don de la palabra, la fruta fresca,

el riego  y todo el cultivo.

Son para Facundo los lazos de amor,

mi deseo de caricia y

el beso mas dulce que nadie le dio.

Como Hilanderas de sueños son mis tres hijas.

A ellas les dejo una luz encendida.

Para Julia un domingo glorioso,

la ilusión del amor, un puñado de arcilla.

A Belén le prometo todas mis alegrías,

un hogar como el mío de florecientes colores

y por favor que no olvide: ¡Nada de melancolía!

La piel de las paltas a Majo le dejo,

carnosas pulpas  y una mirada fija

que penetre en su alma haciendo cosquillas.

A Horacio no puedo negarle  el tatuaje

el espacio de mi lado en la cama grande,

el olor a tostadas, el caer de las hojas, la leche hervida

y el arte de andar sin sombra del cuerpo inmortal

que abre los aires, para hacer fiesta con los sentidos...

A mis amigos les dejo una confesión compartida,

la risa contagiosa, el secreto prohibido

les dejo mi oído y este astrolabio que me hizo volar

No puedo olvidarme de dejarles la magia

Y esta alquimia de andar feliz por la vida

con la creencia absoluta de amar por amar.

15 de junio de 2005-06-15

maria cristina valle

16-Adoradora de piedras

Dicen que los transparentes cuarzos incitan al amor

y a menudo abren sus blandos corazones,

que entonces quien los tiene sucede por la vida preso

de esa magia que brota de sus vetas.

Piedra preciosa la obsidiana,

rasga y cura la carne cuando el dolor la abre,

me sucede con la turquesa que

me precipita al mar reflejado en tus ojos.

Bien sé los pecados de desmesura que encierra el ámbar

así como así consagrado al silencio.

Poseo piedras de recuerdos, piedras preciosas,

a las que alimento con sol y agua,

les doy baños de luna bajo el concierto de la noche

para tomarle el pulso a la eternidad.

María Cristina Valle

Jueves 2 de junio 2005

Por lobitogabriel - 16 de Marzo, 2006, 9:15, Categoría: poesia
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